domingo, 3 de junio de 2012

¿Qué entendemos por música “litúrgica”?


esquemaPor: Oscar Valado
 
Podemos decir que la “música litúrgica” es aquella que se utiliza única y exclusivamente en la liturgia. Me centraré sobre todo en la celebración de la Eucaristía.
El Concilio Vaticano II nos recuerda en la Sacrosanctum Concilium que el canto sagrado constituye una parte necesaria o integral de la liturgia solemne (cf. n. 112). Y el mismo Benedicto XVI, haciendo alusión a estas palabras, el 13 de septiembre de 2006, en la bendición de un nuevo órgano en Regensburg, matiza: Esto significa que la música y el canto son algo más que un embellecimiento —tal vez superfluo— del culto, pues forman parte de la actuación de la liturgia, más aún, son liturgia. Por tanto, una solemne música sacra con coro, órgano, orquesta y canto del pueblo no es una añadidura que enmarca y hace agradable la liturgia, sino un modo importante de participación activa en el acontecimiento cultual.
A la luz de estas palabras, y comprendiendo la importancia de la música litúrgica, podemos elaborar una síntesis de 5 puntos que identifican esta música destinada para la alabanza a Dios y la santificación de los hombres.
1. PRIMACÍA DEL TEXTO SOBRE LA MÚSICA.
La música está al servicio del “texto”- esto es importante, indica que debe haber música, al servicio del texto, pero debe haberla. Pero ¿qué decir de los textos? Solo pueden ser de dos clases:
a. Textos de la Sagrada Escritura
b. Textos de la liturgia misma que se celebra (tanto del ordinario de la celebración como del propio del día).
2. FORMAS MUSICALES AL SERVICIO DE LA LITURGIA.
La música debe estar adaptada a la Acción litúrgica. Incluir una forma de sonata, de ópera o de concierto no tendría sentido alguno, porque la liturgia tiene sus propias formas musicales (himnos, antífonas responsoriales, aclamaciones, etc.) para cada momento de la liturgia:
a. Ordinario: Kyrie, Gloria, Credo, Sanctus, Agnus Dei (textos invariables)
b. Proprio: Introitus, Salmo, Aleluya, Ofertorio, Comunión.
3. PRIMACÍA DE LA MELODÍA.
Esto beneficia a la primacía del texto y una mayor comprensión del mismo. Es la misma Palabra expresada en un discurso musical.
4. ASEQUIBLE.
Esta cuestión ha quedado más que zanjada a partir del Concilio Vaticano II. Un canto debe ser “asequible” en su tesitura melódica y en sus formas rítmicas para poder ser cantado por todos los fieles. Aunque también cabe destacar que NO toda la participación de los fieles se reduce al canto. También con la oración, con las respuestas, con los gestos, y en el silencio… se participa.
5. CLIMA ESPIRITUAL QUE NOS ELEVE AL MISTERIO QUE CELEBRAMOS.
Puede ser jubiloso, solemne… pero con medida y serenidad. Un canto litúrgico nunca debe llegar a la excitación de la asamblea.
La Iglesia es lo que nos pide. Y sí, es cierto que el gregoriano se postula como canto propio de la Iglesia ¿por qué? Porque contiene en sí todos estos aspectos. No lo juzguemos sólo desde nuestro tiempo, sino desde los 2000 años de historia y tradición que nos unen con las primeras iglesias. Lo maravilloso en este momento es poder trabajar para hacer música con estos principios sin desterrar la hermosa tradición que hemos heredado.
Queda mucho camino. Trabajemos.
 
Fuente:
 http://www.lolekmusic.com/magazine/?p=1145

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